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¿QUIÉN INVENTÓ EL ROLLO DE PAPEL HIGIÉNICO?

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¿QUIÉN INVENTÓ EL ROLLO DE PAPEL HIGIÉNICO?

“Papel papel, dulce papel, suave satín, tú nos darás gustirrinín” (Oda al papel higiénico, La Trinca)

El papel higiénico es un elemento indispensable en el baño, un compañero de viaje interior cuya falta puede suponer verdaderas crisis existenciales. Y como buen listillo que eres debes saber que se trata de un inventomoderno, pero con raíces en lo más profundo de la Historia.

Desde los albores de los tiempos, la gente ha encontrado maneras ingeniosas para limpiarse después de hacer de cuerpo: cocos, conchas, nieve, musgo, heno, hojas, hierba, mazorcas de maíz, lana pura de oveja… Pero si hay que poner un principio al rollo de papel “oficial” de WC la idea comenzó hace unos 150 años en los Estados Unidos, con unas hojas de cáñamo de Manila impregnadas de una infusión de aloe vera, que se dispensaba en cajas similares a la de los Kleenex.

Estas hojas fueron inventadas en 1857 por un empresario de Nueva York llamado Joseph Gayetty, que afirmaba que prevenían las hemorroides. Gayetty estaba tan orgulloso de su papel de baño terapéutico que tenía su nombre impreso en cada hoja. Pero su éxito fue limitado, pues los estadounidenses pronto se acostumbraron a limpiarse con las hojas del catálogo de los almacenes Sears y no vieron la necesidad de gastar dinero en algo que les llegaba por correo de forma gratuita.

No fue hasta 1890 en que el papel higiénico dio su salto adelante definitivo, cuando dos hermanos llamados Clarence e Irvin, y apellidados Scott, popularizaron el concepto de papel higiénico en rollo. Para ello compraron grandes rollos de papel a los fabricantes de papel y luego los convirtieron en pequeños rollos de papel higiénico. Y comenzaron a venderlo a través de intermediarios, de acuerdo con la especificación que cada distribuidor deseaba.

Lo que los hermanos Scott no querían es acabar asociados por el gran público con el acto indigno de limpiarse después de ir al baño, por lo que, al contrario de Gayetty, borraron cualquier denominación impresa en las hojas. La estrategia funcionó y los Scott pronto tuvieron más de 2.000 clientes que revendían sus rollos como distribuidores, sobre todo a hoteles y hospitales.

Pero seguía siendo complicado llegar al público generalista, en gran parte porque los estadounidenses se sentían avergonzados por todo aquello que tuviera que ver con las funciones corporales. Fue otra marca americana primigenia, el papel higiénico Charmin, la que les abrió los ojos montando el producto en torno a un logo femenino que representaba a una mujer hermosa. Acreditando suavidad y feminidad, la compañía podía evitar hablar sobre el propósito real de papel higiénico.

Charmin fue un enorme éxito de ventas y la orientación de la marca le permitió sobrevivir incluso a la Gran Depresión. Décadas más tarde, las damas delicadas se vieron reemplazadas por mofletudos bebés y por los cachorros de ositos y perritos, que hoy son los que copan el desenrollado de papel higiénico por los pasillos del mundo.

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