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Blog: La Disonancia de la Realidad

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Blog: La Disonancia de la Realidad

Sin entrar en territorios paranoides o conspirativos, sí sería apropiado detenernos en las razones por las que la ciudadanía en España ha venido manteniendo la calma, a pesar de la sucesión de episodios que atentan directamente en contra de sus intereses más significativos.
Es tema de debate encontrar los motivos por los que el PP sigue manteniendo un porcentaje cercano al 30 del voto. Sus votantes, en su mayoría, son gente honesta, responsable, personas que respetan la sanidad pública, la educación pública y el sistema público de pensiones. Deben encontrar paradójico que a quienes votan les castiguen una y otra vez sin tregua.

Con todas las reservas, para transpolar una teoría subjetiva al plano social, podríamos intentar una explicación desde el concepto de la disonancia cognitiva. Este, en Psicología, hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias, emociones y actitudes (cogniciones), que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto.

También puede surgir por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas. Honestidad o Corrupción. Derechos Humanos o Xenofobia. Gurtel, Noos, Bankia o Ceuta. Justicia o Injusticia. Por decir algo.

En 1957 el psicólogo estadounidense, de origen ruso, Leon Festinger en su obra A theory of cognitive dissonance, lo enuncia por primera vez. Al producirse esa incongruencia o disonancia de manera muy apreciable, la persona se ve automáticamente motivada para esforzarse en generar ideas y creencias nuevas para reducir la tensión hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes encajen entre sí, constituyendo una cierta coherencia interna.

Por ejemplo, ante comportamientos que pueden ser cuestionables en términos del funcionamiento democrático, o ante las reiteradas evidencias de corrupción política, eso explicaría resultados en las urnas que no se compadecen con la realidad. Claro que, esto último, se dio cuando aún las evidencias de estos desórdenes en la idea de honestidad, o de responsabilidad, eran incipientes.

A pesar de que la psicología contemporánea ha desarrollado que los significados o las creencias son procesos sociales, por lo que la contradicción en esos significados no puede reducirse a un proceso individual interno, sigue resultando válida esta teoría a la hora de entender los comportamientos humanos.

Por tanto, la manera en que se produce la reducción de la disonancia puede tomar distintos caminos o formas. Una muy notable es un cambio de actitud o de ideas ante la realidad. De allí, que los mensajes que nos llegan procuran calar en el ideario colectivo. Ello, en el sentido de introducir la idea de la culpa: “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. “No estás suficientemente formado”. “Estás sobrecualificado”. ¿Les recuerda algo?

Ese sentido de la culpa podría ser un motivo para aplicar una reforma laboral de precarización salarial y de condiciones de contratación, con un retroceso que no tiene precedentes en la historia moderna de España. Estas medidas han afectado y afectan a la mayoría del espectro de creencias. La Comunidad de Valencia es un ejemplo claro. Con una serie de figuras políticas cogidas con “las pistola humeante”, aún así, repitieron con mayoría parlamentaria.

La manera en que se produce la reducción de la disonancia, y la tensión psicológica que trae aparejada, puede tomar distintos caminos o formas. Una muy notable es un cambio de actitud o de ideas ante la realidad. O ante el voto, que puede ser una consecuencia.

Así, cuando una persona con valores y creencias morales asumidas desde su infancia puede verse involucrada en acciones que rechazaría, la liquidación del Estado del Bienestar, por ejemplo, se le suministran motivos en forma de valores superiores que justificarían su actitud: apelando a valores superiores: por el bien de España o el evitar males mayores. O por el partido, que también se hacen esas apelaciones.

Claro que, los descubrimientos que se están verificando de cuentas en Suiza y en paraísos fiscales, el desvío de fondos hacia bolsillos particulares o empresariales, los suculentos puestos de figurantes en las empresas de Ibex, que poco tienen que ver con el común del ciudadano, han comenzado a resquebrajar la manipulación.

¿Seremos parte del problema o de la solución?

Entonces, se trataría de recuperar un tono de resiliencia adecuado, para superar esta atonía colectiva que sorprende al mundo. ¿Cómo es que los españoles soportan todo eso?, me suelen preguntar desde fuera del país.

La Resiliencia puede ser conceptualizada, desde una perspectiva enfocada en las soluciones, como un conjunto de habilidades conductuales para afrontar dificultades, comportamiento de búsqueda de soluciones y de reducción de la evitación, y, por supuesto, cognitivos, en el sentido de esquemas, creencias centrales y procesamiento de la información.

El sentido de inevitabilidad de la situación socioeconómica actual, no es más que una de las partes del constructo que han pretendido inocular en la psicología colectiva los responsables del discurso oficial. De tal manera, ese nivel de aceptación de cuanta medida antisocial sea enunciada, tendrá altos índices de aceptación pasiva por parte de los ciudadanos que tratan de encontrar una cierta coherencia interna.

Estas acciones estarán relacionadas con el objetivo de afectar la capacidad de afrontamiento y resiliencia, contribuyendo así al control de las decisiones, acciones y experiencias. Los estudios realizados en esta área han demostrado que aquellos que dudan de sus resultados, tienden a evitar desafíos, abandonar actividades cuando se encuentran con obstáculos o a experimentar mayores niveles de ansiedad.

La opinión se ha desestructurado del “armado” de los medios de comunicación tradicionales. Las Redes Sociales sin responsables de eso. Tal vez sea bueno que así sea. Tal vez sea ese el modo de superar esas barreras ficticias que le han puesto a la voluntad colectiva.

Por ello, cuando se observan comportamientos colectivos que reconfiguran las creencias, y se recupera ese espíritu de resistencia, resulta tentador concluir que, pese a todo, el cambio es posible. Los movimientos sociales se están manifestando eficientes a la hora de procurar ese equilibrio en las creencias ciudadanas. Habrá que difundir de alguna manera convincente que nos estamos jugando ya no nuestro futuro, sino el de las generaciones por venir.

Hasta diría que ya no se trata de izquierdas y derechas. Repensando las estructuras, se trata de oponernos, desde el descubrimiento de un modo solidario de convivencia, a la violencia a la que nos están sometiendo. El caso del Gamonal o la Marea Blanca es el ejemplo. Diferentes, pero efectivos en su resolución. Según indicios sólidos que se aprecian en la textura de la participación ciudadana, no serán los únicos.

Por tanto, mantener la memoria y exigir justicia. Acaba de amanecer.

Alberto Vila es analista político

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