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Políticos, vocación o profesión

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Políticos, vocación o profesión

POLÍTICOS Y FUNCIONARIOS
En principio y en teoría la distinción entre la clase política y el trabajo funcionarial es muy clara. Los políticos son unas personas elegidas en elecciones por un periodo de tiempo con la finalidad de dirigir las administraciones públicas. En definitiva son mandatarios temporales de los ciudadanos que tienen por finalidad gestionar los intereses de éstos y ello (aunque esto ya es pura ficción) dando cumplimiento a un programa que previamente, en elecciones, fue presentado al cuerpo electoral.
Por el contrario, los funcionarios son unas personas que desarrollan su trabajo dentro de las administraciones públicas, que son la “empresa” de los mismos. Este trabajo, siempre en el marco de la ley, se desempeña bajo la dependencia y órdenes de los cargos políticos, que para eso han sido elegidos por los ciudadanos.
¿Es esto lo que sucede en España?
La experiencia nos indica que no, porque en nuestro país es muy frecuente ver a cargos políticos realizando trabajos propios de los funcionarios: diseñan las obras públicas, negocian directamente con las empresas adjudicatarias, se inmiscuyen en el trabajo de los arquitectos, ingenieros, responsables de tráfico, responsables sanitarios y un sinfín de servicios que prestan las administraciones públicas. Por otro lado, la experiencia práctica también nos dice (son hecho claramente constatables) que muchos cargos políticos, especialmente en las administraciones menores (ayuntamientos, diputaciones), se mantienen en los cargos de manera indefinida, de forma que ese constituye ya su puesto de trabajo.
Ante esta realidad cabe realizarse dos preguntas:

  • ¿Es bueno para los ciudadanos esta situación?
  • ¿Por qué hemos llegado a la misma y si es reversible?

En cuanto a la primera pregunta, si existen personas cualificadas para determinadas funciones (mérito y capacidad, dice la constitución), deben ser ellas quienes las desempeñen, y no otras que, aunque hayan ganado unas elecciones, no poseen los conocimientos precisos para su realización.
En lo que respecta a la segunda pregunta, es difícil determinas las causas, pero se puede aproximar alguna. En nuestro país, con un mercado laboral tan deprimido, la política se ha convertido en un buen medio de vida, de manera que muchos de nuestros jóvenes en lugar de pretender ser buenos médicos, ingenieros, abogados… ven que el meterse en un partido político (el futbol, de tener cualidades, tampoco es mala salida) les va a resolver (si tienen suerte y “agarraderas”) la vida de forma mucho más rápida y positiva. Consecuentemente estos jóvenes (como si fuesen médicos o electricistas) van a querer vivir toda su vida del camino elegido (cargo político) y para ello harán todo lo posible, es decir, comulgarán con ruedas de molino si ello es preciso.
¿Cómo se puede salir de esta situación? Entiendo que no hay otra forma que exigir que quien pretenda acceder a un cargo público tenga, al menos, cierta experiencia (laboral y de la vida en general) y un lugar a donde volver cuando se acabe su mandato. También que se establezca por Ley que los mandatos deben tener un límite.
Veo difícil que la propuesta indicada se lleve a cabo, por lo que veremos, ya en el corto plazo, el ascenso de grupos populistas (pués la ciudadanía está hastiada) que nos pueden llevar a lugares totalmente desconocidos, y no precisamente buenos o hermosos.
Augusto.

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