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Portugal gana y España queda la última

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Portugal gana y España queda la última

La primera y muy desafinada actuación corrió a cargo del israelí IMRI. Le siguió Kasia, embajadora de Polonia y, a continuación, Navi Band, de Bielorrusia que, por primera en la historia del festival, cantó en su idioma. Nathan Trent defendió con solidez a Austria con Running On Air en cuarto lugar y, en quinto, tomó el micrófono Artsvik para hacer lo propio por Armenia, país que, excepto en el 2013 y el 2015, siempre estuvo en el top ten.

Vino luego Demy, por Grecia, con This is Love, un tema eurovisivo de libro. Y, por fin, el español Manel Navarro. Y el desastre no tardó en llegar a las redes sociales.

Grab the Moment fue la apuesta de Noruega y llegó de la mano de Jowst, una suerte de Daft Punk nórdico. Le siguió Lucie Jones, por el Reino Unido, antes de Chipre, que mandó a Hovig para destrozar los oídos del público con Gravity.

La apuesta de Rumanía fue de las más excéntricas de la noche: Álex Florea, un Justin Timberlake de los Cárpatos e Ilinca, que podría ser perfectamente la intérprete de la cabecera de Heidi. El Yodel It rompió todos los esquemas

Holanda entonó la canción número seis: las hermanas OG3NE, ganadoras del programa La Voz en el 2014, fueron las encargadas de dar la cara por los Países Bajos. Después, Moldavia. Caras conocidas a las diez menos veinte de la noche. SunStroke Project ya se habían presentado siete años antes, en el Eurovisión que se celebró en Oslo. Esta vez, interpretaron una animada Hey Mamma, carne de discoteca, que precedió a la intervención del primer concursante del festival de etnia gitana, Joci Pápai, delegado de Hungría.

En noveno lugar se subió al escenario uno de los grandes favoritos, el italiano Francesco Gabbani. Todo el auditorio, emocionado, coreó a voz en grito su Occidentali’s Karma, que interpretó acompañado de su incondicional gorila. Cuando calló, una gran ovación hizo vibrar la sala.

Vino luego Anja Nissen, por Dinamarca, amparada por una espectacular pirotecnia. Y después, el niño bonito de la noche: el portugués Salvador Sobral con la delicada Amar Pelos Dois.

Dihaj dio la cara, a continuación, por Azerbaiyán, que debutó en el 2008 en Eurovisión y ganó el festival en el 2011. Esta vez llegó a Kiev con una arriesgada propuesta vanguardista que descolocó completamente a la audiencia. Por Croacia, solo Jacques Houdek, pero parecieron muchos: su constante cambio de registro le hizo capaz de fusilar, de un segundo a otro, las voces de Melendi, Pavarotti, Mónica Naranjo y Robe, el de Extremoduro.

Salió de 14, Isaiah para defender a Australia, mientras España calentaba la voz.

En el puesto 21 actuó la representante alemana, Levina, con Perfect Life, una canción sospechosamente muy parecida a Titanium de Sia y Guetta, y en el 22, Ucrania, anfitriona de Eurovisión. Su plaza la defendió O.Torvald. Le relevó sobre el escenario una calmada y melódica Bélgica, con Blanche entonando City Lights, otra de las favoritas para los primeros puestos.

Robin Bengtsson apareció después para cantar por Suecia, una interesante propuesta también entre las preferidas desde el principio. Luego, Kristian Kostov, el representante más joven de esta edición, figuró por Bulgaria y, finalmente, Alma se encaramó a la plataforma para llevar a Francia hasta Kiev.

F/LaVozdeGalicia
 
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  1. augusto says:

    mericidísimo último puesto…en TVE alguién, seguro que con un sueldo importante, debería dar alguna explicación por la elección del “recomendado”.

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