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‘Atómica’ Charlize Theron puede con todo

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‘Atómica’ Charlize Theron puede con todo

Tras verla de villana en la última entrega de la saga ‘Fast & Furious’ y aún con ‘Mad Max: Furia en la carretera’ en el recuerdo, Charlize Theron regresa más explosiva que nunca con ‘Atómica’, un thriller de acción y espías ambientado en el Berlín de los años 80 por el que, literalmente, se ha dejado la piel… y hasta un par de dientes.

Cada átomo de Charlize Theron (Benoni, Sudáfrica, 1975) exuda energía: la de alguien que sabe valerse por sí misma. Madre, estrella y actriz, entra en el estudio 42 de Universal Studios, en Los Ángeles, echando mano de sus únicas armas: su cuerpo y su cerebro. No necesita de un hombre a su lado para tener una familia, ni de un séquito para lidiar con el día a día de Hollywood. Prefiere un mano a mano con FOTOGRAMAS para hablar, a las claras, de su último estreno, ‘Atómica’. Es una espía que surgió del frío.

¿Está especialmente interesada en el cine de acción?
Es cierto que mi preparación como bailarina hace que me interese en una interpretación más física. Pero ‘Atómica’ supera todo lo que he hecho antes, en interés y también en preparación. De otro modo, nunca le habría dedicado tanto tiempo y esfuerzo a una película. Para empezar, me encanta la manera de narrar de los directores de Hong Kong, capaces de contar una historia sólo con la acción. Y fue lo que quise hacer junto al director David Leitch: una película por la que levantar el culo del sofá e ir al cine.

El precio a pagar por esa entrada de cine… ¿fue muy alto?
Hubo mañanas en las que era incapaz de salir del coche. Los encargados del parking me abrían la puerta y esperaban pacientemente a que saliera. Y yo no podía ni moverme de lo mucho que me dolía todo. ¡Mis hijos se ha reído tanto a mi costa!

¿Cuál fue la recompensa a tanto sacrificio?
Llega un momento en el que te sientes como una máquina invencible. Te sientes fuerte y capaz de todo. Es increíble la seguridad que adquieres en ti misma. Y sólo quieres más. De hecho, hubo dos momentos en Atómica que no estaban escritos como secuencias de acción, pero que los reescribimos porque sentí que los podía contar mejor con mi cuerpo.

Está hablando de uno de los cuerpos más admirados de Hollywood. ¿Cuál es su rutina para mantenerse en forma?
No paro nunca quieta. No soy de las que están mano sobre mano. Pero de ahí a que me pase el día haciendo ejercicio hay un mundo. Como a mucha gente, me horroriza ir al gimnasio, así que de normal no me verá mucho por ahí. Pero me mantengo activa. Me gusta ir al monte. Salgo. Hago power yoga, spinning… Me gusta exigirme, sobre todo, mentalmente, porque la mayor parte de las barreras que nos ponemos son mentales, no físicas.

Suena a una mujer voraz dentro y fuera de la pantalla.
No se equivoca. Soy voraz en el más amplio sentido de la palabra. No acepto la apatía.

¿Está de acuerdo con quienes dicen que, este año, las mujeres son la Fuerza de Hollywood?
Eso es sólo un titular fácil. Y, bueno, sí y no. Las cosas son más complicadas. Todavía recuerdo cuando vi a Sigourney Weaver en ‘Alien’, el 8º Pasajero (R. Scott, 1979). Despertó algo en mí. Un sentimiento que yo nunca he olvidado, pero Hollywood sí. Algo pasa… no sé por qué no se hacen más películas con mujeres fuertes como protagonistas. Ese es el problema: en Hollywood no se dan cuenta que las mujeres somos más de la mitad de la población. Durante años pensaron que no nos gustaba el cine de género, cuando las estadísticas demuestran que nos gustan los videojuegos, las luchas y, por supuesto, el cine de acción.

¿Es este el cine que más le motiva como productora?
No de forma exclusiva. Busco producir películas que yo quiera ver como espectadora. Por eso, cuando me presentaron la novela gráfica de Antony Johnston y Sam Hart, aún por publicar, ‘The Coldest City’, en la que se basa Atómica, algo se encendió en mí como cinéfila. Pero no tiene que ser algo relacionado con la acción. Hablo de una historia bien contada. Que me motive a ganar 20 kilos como en ‘Monster’ (P. Jenkins, 2003) o a ponerme en forma comiendo sólo barritas energéticas, como hice con ‘Mad Max: Furia en la carretera’ (G. Miller, 2015). Pero eso son detalles. Lo que realmente importa es el guion. Y ‘Atómica’ me permitió, por primera vez, explicar una historia sin palabras: simplemente, utilizando mi cuerpo.

Una historia que ha cambiado las reglas del juego en lo que se refiere a las escenas de sexo. 

Quería subvertir el género de espías. Y se le ocurrió al guionista, Kurt Johnstad. Una idea perfecta para una mujer que nunca pide disculpas como Lorraine Broughton. Es una espía, alguien muy buena en lo que hace. Como lo puede ser James Bond. ¿Ha visto alguna vez a James Bond disculpándose o teniendo que explicar con quién se acuesta? Eso siempre me ha dado mucha rabia. Cuando una mujer es una luchadora, hay siempre algún diálogo que te explica el porqué: hay un hijo, un marido, un amor, algo que la lleva a ser así. Quería interpretar a una mujer que no se disculpa por ser mujer. Ni en la acción ni en la cama.

¿Tuvo alguna duda sobre David Leitch? Su carrera como doble de acción no es la más común para un director.
¡Al contrario! Él propuso algo que yo nunca había intentado. Su idea era rodar secuencias de acción sin cortes durante ocho y nueve segundos, cuando lo normal es rodar dos segundos y medio como mucho, y dejar que el montaje cree la ilusión de la acción. Así fue con ‘Mad Max: Furia en la carretera’. Esto signifca que en ‘Atómica’ no hubo doble que valga. En esos ocho o nueve segundos tienes que estar en movimiento: el 98 por ciento de lo que ve en la película soy yo.

¿Veremos, entonces, cómo le rompieron de verdad un par de dientes en el rodaje?
(Risas) Bueno, digamos que hubo algún problema dental, pero nada que no se pueda arreglar. Por lo general, trabajé con la misma gente, entre ellos, mi doble de acción, junto al que coreografé mis luchas y de quien aprendí lo mejor de mi cuerpo. Los problemas surgieron en Budapest, donde filmamos la lucha con la policía y contratamos dobles de acción locales con los que entrené menos. Y esto es como un baile. Tienes que conocer a tu acompañante. Digamos que me gasté mucho dinero en vodka para disculparme de los muchísimos golpes que se me escaparon.

Tras Atómica, ¿cree que ganaría a un hombre en una pelea?
David está seguro (risas).

¿Y como espía? ¿Cree que sería buena?
Sería cojonuda (risas). Las mujeres tenemos más armas y nunca hemos visto de verdad lo que podríamos hacer en este campo. Vale, la fuerza no será la misma… pero nunca acorrales a una mujer. Hará lo que sea necesario para seguir con vida. Y no sabe hasta qué extremo.
F/fotogramas
 
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