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“Estoy hasta los pelos del belga”: El manso Junqueras cogió su fusil

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“Estoy hasta los pelos del belga”: El manso Junqueras cogió su fusil

Oriol Junqueras ha dicho basta. ERC se sacude su abatimiento y parece dispuesta a plantarle cara a Puigdemont para superar el 155 y mantener el control del gobierno catalán

El pacífico y tranquilo Oriol Junqueras se ha revuelto en su celda. Ha dado una patada en los barrotes que han resonado más allá de los inhóspitos rincones de Estremera. Han recorrido, a velocidad de la luz, 1.300 kilómetros y han aterrizado, con descomunal estruendo, en Bruselas, donde reside desde hace tres meses el expresidente de la Generalitat.

“Las circunstancias pueden llevar a que se deba combinar una presidencia legítima, aunque simbólica, con una ejecutiva”, declaraba esta semana a ‘Diario 16’. Un trallazo contra el obcecado empeño de Puigdemont de recuperar la presidencia de la Generalitat. El líder de ERC ha dicho basta. Se ha hartado. “90 días en Estremera. 107 en Soto del Real”, fue su respuesta en tuit a los azarosos mensajes de Puigdemont a su exconsejero Comín. “Moncloa triunfa. Esto ha terminado.Los nuestros nos han sacrificado”, acusaba el prófugo instalado en Flandes. Una velada acusación a Roger Torrent, el presidente del Parlamento catalán, militante de ERC, que decisión cancelar la sesión de investidura.

“Se puede gobernar desde el exilio pero no desde la cárcel”, había declarado el expresidente en una de sus numerosas comparecencias. Una frase que Junqueras recibió como una bofetada inclemente, como una ofensa inaceptable. “Yo no me escondo”, declaró en una de sus muy contados comentarios desde prisión.

Lo pasó muy mal durante las fechas navideñas, cuentan los suyos. Junqueras reza, lee, hace deporte, reflexiona y, de vez en cuando, emite un tuit o concede una entrevista. Pocas. Quince días sin recreo es la pena por incumplir el régimen parlamentario. Apens ha dado que hablar. Apenas ha dejado oir su voz. Su partido se siente huérfano, sin referente, sin capitán. Le han echado de menos. En ERC no hay una figura de repuesto. Marta Rovira patinó en la campaña electoral. Un tiro al aire.

Carles Mundó, el exconsejero de Justicia que apuntaba maneras, se fue a casa a las primeras de cambio. Sergi Sabriá, el actual portavoz parlamentario, despierta cierto interés, pero le falta rodaje. Han sido tres meses de penitencia, con la cabeza gacha. Puigdemont lo llenaba todo, lo ocupaba todo. Uno en la celda y el otro en la ópera, de paseo, comiendo ostras o alquilando una vivienda de ricachón.

Una peregrinación polémica

El libreto ha cambiado. “Estoy hasta los pelos del belga”, le ha comentado a alguno de sus visitantes en Estremera. ERC parece haberse sacudido el timorato complejo que le ha maniatado durante estas largas semanas de desconcierto tras ser derrotado por JxCat en los comicios del 21D. Sin liderazgo, sin referentes, sin proyecto, los republicanos asumieron su papel de comparsas de la opereta de Flandes. Incluso muchos de sus líderes peregrinaron hasta Bruselas, en una romería folclórica y penosa, ataviados con la bufanda amarilla para entonar loas al gran conductor del ‘procés’. Una iniciativa de la que ahora, muchos de ellos, se arrepienten. Y hasta avergüenzan.

Junqueras ha roto las cadenas de la templanza y ha lanzado un grito contra el egocentrismo incontrolado de Puigdemont. El horizonte de una posible inhabilitación, rauda y sin paliativos, que dibuja el Supremo, pueden haberle animado. Él ya renunció hace tiempo a cualquier aspiración de alcanzar el vértice de la Generalitat. No así su más severo contrincante.

Así, le ha dibujado un futuro de ‘reina madre’ del separatismo, de jarrón chino de la independencia. Un presidente ‘simbólico’, incapaz de dar la cara en España y presentarse ante los jueces, y un presidente ‘efectivo’ en Barcelona. Puigdemont, a la papelera de la historia, como hizo la CUP con Artur Mas.

Puigdemont pretende dirigir Cataluña desde su privilegiada mansión de Waterloo mientras quienes avalaron con su voto su retorno al poder van a hacerle compañía a Junqueras”

ERC se mueve. Joan Tardá fue el primero en asegurar que ‘si hay que sacrificar a Puigdemont’, se le sacrifica. Marta Rovira ha recuperado la voz para clamar que “para nosotros es fundamental que la investidura no implique consecuencias penales para muchísima gente”. Es decir, para los que den la cara. Puigdemont, en su plasma de Skype, no arriesga prisión. No piensa volver. Pretende dirigir Cataluña desde su privilegiada mansión de Waterloo mientras quienes avalaron con su voto su retorno al poder van a hacerle compañía a Junqueras.

Los dos dirigentes de las formaciones más potentes del secesionismo, JxCat y ERC no se hablan desde la proclamación de la independencia. Ni siquiera en esa jornada ‘histórica’ del 27 de noviembre fueron capaces de abrazarse tras consumar su golpe a la democracia. Ambas fuerzas pugnan por un objetivo común: liderar la independencia. Una de ellas ha de replegarse o caer.

JxCat y ERC pugnan por un objetivo común: liderar la independencia. Una de ellas ha de replegarse o caer

Por eso Puigdemont pretende que el actual bloqueo derive en elecciones. Unos comicios que reforzarán su fuerza, que se transformarán en un plebiscito a favor de la República catalana. Junqueras no podría, como hizo el 21D, ir por libre. Debería someterse al yugo de Bruselas y sumarse a una plataforma de unidad contra el 155, el Estado, España, Rajoy, los jueces de la caverna y todo lo demás.

Junqueras quiere evitar ese escenario. Necesita, para ello, apartar a Puigdemont de su obsesión presidencialista y apoyar una fórmula alternativa que ponga sordina, al menos momentáneamente, todo empeño de repetir la ‘unilateralidad’. Es decir, de promover otra intentona de asalto a la Constitución. Se ha puesto a la faena, comentan en su entorno.

Cuenta, para ello, con la complicidad de buena parte de PDeCAT, la antigua Convergencia, donde abundan los dirigentes fatigados con la estrategia del ‘exiliado’. Por eso ha levantado la voz, ha dado un puñetazo en la mesa. Su apuesta resulta incierta. Puigdemont cuenta con el ‘legitimismo’ de un cargo bendecido en las unas y con el manejo de aparato de propaganda de los medios públicos catalanes. El pulso ha comenzado. No hay demasiado tiempo. Esta vez parece que Junqueras “ha dado la cara”

F/vozpopuli
 

 

 

 
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