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‘Handia’ y ‘La Librería’ triunfan en unos Premios Goya predecibles y sin brillo

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‘Handia’ y ‘La Librería’ triunfan en unos Premios Goya predecibles y sin brillo

Desprovista del feminismo y el humor que prometió. Así fue la 32º edición de los galardones que concede la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Probablemente la peor ceremonia en la historia de los premios.

La edición número 32 de la gala de los Premios Goya consiguió lo que todos los años: aburrir. Incluso batió su propio récord de sopor y lentitud, que ya es mucho decir. No hubo ingenio ni humor en el guion, tampoco sorpresas en el palmarés. Ganaron las películas esperadas: unas por volumen, otras por derribo. Este último fue el caso de Isabel Coixet, directora de La librería, un film que se llevó tres de los nueve premios Goya a los que optaba: Mejor PelículaMejor Dirección y Mejor guion adaptado. A Coixet deben los espectadores la única frase rescatable de la noche: “Gracias a toda la gente que todavía compra libros”.

Handia, la fábula sobre el gigante de Altzo de Aitor Arregi y Jon Garaño, favorita con 13 nominaciones, consiguió diez premios. Se convirtió en la tercera película más premiada en la historia de los premios, después de Mar adentro y Ay, Carmela. El largometraje Verano, 1993, de Carla Simon, no defraudó en su expectación como la sorpresa y opera prima del año.Cosechó -entre otros- el Goya a Mejor Dirección Novel; Mejor actriz revelación, a Bruna Cusí, y Mejor Actor de Reparto a David Verdaguer.

Entre las categorías más significadas destacaron el Goya a la Mejor Actriz Protagonista para Natalie Poza por  No sé decir adiós y para Javier Gutiérrez como Mejor Actor Protagonista, por El autor.  Adelfa Calvo se alzó como Mejor Actriz de Reparto, por El autorLa producción Muchos hijos, un mono y un castillo, de Gustavo Salmerón, conquistó el Goya al Mejor documental. Julita Salmerón, protagonista del documental dirigido por su hijo, consiguió -junto con Paquita Salas y los Javis- propiciar los pocos momentos de empatía con el público (y no fueron más de cinco).

Una gala de tres horas …

La ceremonia comenzó con un desastroso monólogo de Ernesto Sevilla, quien, junto a Joaquín Reyes, asumió el relevo de Dani Rovira en la conducción de una gala que consiguió ser el pálido reflejo de lo que prometió. No fue ágil, tampoco feminista, ni siquiera graciosa. Se limitó a ofrecer una gruesa sucesión de chistes mediocres. “Es el parto de un caballo, una cosa bonita pero que da un poco de asco”, sin duda, la participación irónica del crítico Carlos Boyero por videoconferencia puso palabras al polvorón sin agua de la gala.

Aunque no faltaron menciones a la igualdad entre hombres y mujeres, no hubo un discurso de fondo en la materia. Parecía más bien un feminismo sobrevenido y de utilería, una reivindicación impuesta por la dinámica del movimiento #MeToo. Se percibía tensión y contradicción entre el guion central y las intervenciones espontáneas de los premiados.

El reconocimiento a Isabel Coixet con los dos Goya más importantes de la noche  corrigió la sensación inicial de esquinazo y salvó a la gala de convertirse en un descalabro (en lo que a coherencia respecta). Sin embargo, la sensación de conjunto dista mucho del acierto. Sólo un 27% de las nominaciones correspondía mujeres y si a eso se suma que los presentadores -no uno, sino dos- eran hombres, pues el asunto queda más que claro.

Donde antes actores, productores y directores blandían el reclamo de los recortes en cultura, predominó esta vez el abanico rojo -un complemento que pocos llevaron en la gala a título individual – para reclamar mayor visibilidad de las mujeres en la industria. La lógica del gesto por encima de cualquier otra cosa. Cataluña brilló por su ausencia como referencia, excepto en la intervención de Santiago Segura, quien en la presentación al Goya a Mejor Actor Revelación dedicó un ácido chiste -sin mencionar el asunto secesión- a la aplicación de la Constitución.

¿Y el IVA qué?

Debido a la convalecencia de la directora de la Academia de Cine, Yvone Blake, quien sigue de baja a causa del ictus que sufrió a comienzos de enero, la actriz Nora Navas, vicepresidenta segunda de la Academia, y el director Mariano Barroso, vicepresidente primero, asumieron la lectura del tradicional discurso institucional. Fueron palabras pulcras, aseadas: reivindicación del papel de la mujer en la industria, así como la importancia del cine como lugar de encuentro. No faltó la petición sobre la concreción de la bajada del IVA del 21%, medida paralizada por la dilación en la aprobación de los presupuestos. “Somos un colectivo que no quiere llorar, sólo queremos lo que es nuestro”, dijo Navas.

Entre el público, el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, encajó el reclamo con un gesto que aludía la repetición de la reivindicación. A su lado se encontraba  la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Dolors Montserrat. Acudieron también a la gala representantes  de otros partidos como Pedro Sánchez (PSOE)Albert Rivera (Ciudadanos), Pablo Iglesias (Podemos) o Alberto Garzón (IU). No hubo para ellos ningún comentario, ni siquiera la esquirla mínima de una alusión política. Sánchez e Iglesias sí aprovecharon la ocasión: ambos lucieron abanicos rojos en la alfombra roja de la gala. Otra vez, el gesto. La utilería.

Taquilla y pinchazos

A diferencia de otros años, la cuota de pantalla no da para fanfarrias: la recaudación supera los 103 millones de euros, pero dista de las cifras optimistas de otros años. Sólo tres nominadas están entre las 10 cintas españolas más vistas: la animada Tadeo Jones 2 (3,2 millones de espectadores), El secreto de Marrowbone (1,18 millones) y Verónica (611.401 espectadores), esta última se fue sin el premio más esperado, el de actriz revelación para Sandra Escacena. Tampoco Itziar Castro consiguió el Goya por su papel en ‘Pieles’, película dirigida por Eduardo Casanova, y que podía dar la campanada en esta categoría.

A pesar de sus cinco nominaciones, La llamada, el musical de Javier Calvo y Javier Ambrossi, sólo consiguió el premio a la Mejor canción original, concedido a Leiva por el tema que da título a la película.  El autor, de Manuel Martín Cuenca, tuvo también un resultado discreto si se toma en cuenta sus nueve nominaciones. Pincharon también  Abracadabra Loving Pablo. Tanto Maribel Verdú (nominada por Abracadabra) como Javier Bardem y Penélope Cruz -en el reparto de Loving Pablo- se fueron con las manos vacías.

 

 
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