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El último café que Quini no se pudo tomar

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El último café que Quini no se pudo tomar

Nadie advirtió nada extraño. Rutina, alegría y normalidad. Andaba Quiniespecialmente contento en los últimos días por dos motivos. El Sporting le había vuelto a ilusionar después del último triunfo contra Osasuna y la semana próxima debía acudir a pasar lo que él denominaba ‘la ITV’ a Barcelona para certificar que ya no quedaba rastro de cáncer en su cuerpo. Es extraño el día que Quini no acude a un entrenamiento. Solía reconocer que el fútbol era su motor y el Sporting su inspiración. Mareo le cargaba las pilas, le llenaba de vida.

Por eso, horas antes de dejar la vida en el adoquín gijonés, cumplió con su ritual. Subió a Mareo, saludó como cada día en las diferentes dependencias del club y accedió al edificio de los vestuarios. Allí despachó con varios jugadores. ‘Bruji’ o ‘Brujín’ le llamaban los que más le sentían. Jony, Castro, Canella o Sergio no podían articular palabra horas después de conocer la noticia.

Una de las últimas personas con las que charló fue con Gonzalo Revuelta, médico del Sporting. Después de saludar a un aficionado, sacar una foto y firmar una camiseta, se subió al vehículo para hacer lo que más le gustaba: ir a recoger a sus nietos al colegio. Pablo y Lola le esperaban a las puertas para irse a comer. El Brujo los besa y, como cada día, se emociona. Esa rutina no volverá a repetirse.

Después de cancelar una cita personal para tratar de impulsar el proyecto personal de un amigo, aprovechó para hacer un recado que tenía pendiente. A la vuelta llamó a su mujer, Mari Nieves. “Baja y vamos a tomar algo, que estoy llegando”, fueron sus últimas palabras. Cuando su esposa llega al portal observa un tumulto a pocos metros de su domicilio. “Mari Nieves, es Quini”, le dice un vecino. Vencida por el pánico, se niega a enfrentarse a la máxima expresión de la crueldad. Presa del pánico, abre el portal y sube a su casa, donde está su hija. “Lorena, baja por favor que creo que le ha pasado algo a tu padre”.

No puede articular más palabras. Lorena Castro, trabajadora del Sporting, acude a la calle. Las luces de las sirenas de la policía local y de la UVI móvil anuncian el fatal desenlace. Mientras tanto, un peatón que observa la escena, impactado, reconoce al Brujo. Era un amigo de su hijo Jorge, al que telefonea. “Están atendiendo a tu padre en la calle, le ha dado algo, están tratando de recuperarlo, ojalá sea un susto”. A los pocos minutos, la noticia del fallecimiento de Quini corre como la pólvora. Gijón decreta tres días de luto oficial y El Molinón ya tiene el apellido del delante más glorioso de la historia rojiblanca.

 

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