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Tras el 8-M, ¿y ahora, qué?

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Tras el 8-M, ¿y ahora, qué?

¿Y ahora qué? Un día después de la segunda huelga mundial de mujeres, con una participación que quedará en los anales de la historia, sobre todo porque detrás de su organización no hubo ni instituciones ni partidos políticos, sólo féminas reclamando a una sola voz igualdad, ésa es la pregunta que sobrevuela el imaginario popular. ¿Y ahora qué? Las organizaciones de mujeres, incluidas aquellas profesionales que se han creado casi de manera espontánea impulsando espectacularmente esta marea morada sin parangón en ningún país del mundo, lo tienen claro: exigir que se haga efectivo lo que en las calles de las principales ciudades y pueblos de España, se pidió, el fin de la discriminación de género, desde todos los ámbitos, especialmente el social y el cultural.

“Creo que ha quedado muy claro el hartazgo de las mujeres ante una clase política, económica, judicial y social que no ha querido escuchar sus demandas de igualdad, en contra incluso de las leyes. Las mujeres han dejado claro que se ha acabado el tiempo de esperar, del poco a poco, de muchas palabras y pocos hechos… No valen lazos morados en las solapas de personas que hacen poco o casi nada para acabar con la discriminación. No valen paternalismos, ni ideologías, queremos resultados”, señala Marisa Soleto, la responsable de la Fundación Mujeres. En esta línea se situaron las representantes de la Comisión 8-M, que justifican la espectacular respuesta de las mujeres en “el fin de la paciencia”.

Rajoy sale al paso creando un embajador en Misión Especial para la Igualdad de Género

Los partidos políticos, en especial el PP y Ciudadanos (no secundaban la huelga), se han apresurado a defender la causa feminista, en la misma línea que el PSOE (secundaba el paro de dos horas) y Podemos (apoyó la huelga), mientras el Gobierno, con una ministra, Dolors Montserrat, que no se ha atrevido a definirse como feminista (movimiento que lucha por la igualdad de género) pese a ser la titular de Igualdad, y otra que abogaba por la huelga a la japonesa (Isabel García Tejerina, de Agricultura), intentaba salir ayer al paso creando la figura del embajador en Misión Especial para la Igualdad de Género “con el fin de velar por la eliminación de toda forma de discriminación y violencia contra la mujer”.

Las mujeres creen que eso, “de nuevo”, son hechos vacíos, figuras que se utilizan para acallar el clamor popular e “intentar tomar las riendas de una lucha que el Gobierno no entiende”. “¿Quieren hacer algo?”, pregunta Soleto. “Pues que aprueben ya los 200 millones de euros dispuestos en el pacto de Estado contra la Violencia de Género”, señala. En este punto, la diputada socialista Ángeles Álvarez no ha cesado de reclamar financiación para un acuerdo que se publicitó a bombo y platillo, pero que a día de hoy no cuenta con financiación. Montserrat dice ahora que hay que esperar a la aprobación de los presupuestos.

Las mujeres exigieron el 8-M el fin de la brecha salarial, ­medidas de conciliación, el fin de la precariedad laboral (un pro­blema que atañe a todos, pero que tiene especialmente rostro de mujer), el adiós al techo de cristal, desterrar los comportamientos machistas… Por lo pronto, el ­ministro Íñigo Méndez de Vigo anunció ayer que “la ministra de Empleo y el de Función Pública trabajan con los agentes sociales para buscar proyectos de ­ra­cionalización y conciliación” de la vida laboral con la familiar.

Los colectivos piden que las leyes se doten de dinero para desarrollarlas

En cuanto al techo de cristal, ayer mismo se anunció que Emma Navarro sería la vicepresidenta del Banco Exterior de Inversiones (BEI). El PP la anunció como la primera mujer en ocupar ese puesto, aunque luego tuvo que rectificar: la primera fue la socialista Magdalena Álvarez. Este nombramiento es interpretado por las asociaciones de mujeres como un “guiño”, “sólo eso”.

Para acabar con el techo de cristal hay que hacer cumplir la ley de igualdad y el sistema de cuotas en las empresas públicas y beneficiar a las privadas que lo hagan. Hay, sencillamente, que hacer cumplir el ordenamiento existente desde hace años. Lo mismo, con la brecha salarial, sancionada en todas las normas.

En cuanto a la educación, cualquier acuerdo parece lejano, tras levantarse de la mesa del pacto de estado PSOE y Podemos, ante la falta de voluntad del PP de poner encima de la mesa una cifra “razonable”. Sin financiación suficiente no se puede ampliar con garantías la escolarización de los 0 a 3 años, por ejemplo. Y sin pacto, se mantendrá la ley Wert (Lomce), que eliminó asignaturas vitales para la enseñanza de valores, entre ellos, el feminismo.

Más allá de las respuestas que se puedan dar durante estos días, hay que observar los movimientos sutiles a medio plazo, las maquinarias que se puedan poner a trabajar para intentar minimizar el clamor que recorrió las calles.

El activismo avisa de que habrá intentos sutiles para neutralizar el movimiento

Así lo señala Lidia Arroyo, investigadora de la UOC, quien considera que hay que hacer una lectura a doble nivel: por un lado las declaraciones públicas iniciales de buenas intenciones, y por otra el intento de los sectores que se han opuesto a esta gran movilización de las mujeres de ir poniendo sordina para que ellas vayan “volviendo a casa”. Es decir, para ir apagando la fuerza del colectivo, desacreditarlo, y volver a lo individual.

Evidentemente, no se repetirá cada mes una movilización de estas características, pero el feminismo ha cogido vuelo durante todo este año y ha salido profundamente reforzado tras el 8-M. Ha cuajado la conciencia de que la fuerza colectiva puede cambiar las cosas –lo que ya quedó reflejado el movimiento #MeToo–.

Arroyo, profesora de Psicología Social (UAB), señala que al igual que sucedió con el 15-M, la magnitud de la movilización social ha cogido a muchos desprevenidos. Pero hay diferencias de calado entre lo que sucedió en el 2011 y la jornada del jueves. El 15-M iba en contra un sistema en el que nada le servía, ni ningún partido, ni ningún sindicato.

En cambio, el feminismo joven sí que reconoce a sus antecesoras, recoge de diferentes maneras su pensamiento y su lucha, por lo que cualitativamente es más sostenible estableciendo un hilo conductor.

En este día después, todas las que participaron saben que es fundamental mantener esta red con capacidad de actuar en cualquier momento, una red difícil de frenar ya que abarca un espectro social muy amplio pero a la vez con unas demandas unitarias perfectamente definidas. Y que en buena parte ha salido a la calle ante el hartazgo de las políticas de papel mojado.

Ciudades contra la publicidad sexista

Desde el Parlamento Europeo, y más en concreto desde el grupo socialista, se ha lanzado un programa para acabar con la publicidad sexista, principal instrumento de transmisión de un estereotipo que discrimina claramente a la mujer. En la presentación participó la eurodiputada Iratxe García, quien explicó que la idea es que sean los ayuntamientos, que es la administración más cercana al ciudadano, la que ponga cerco al machismo. Por lo pronto se han sumado ciudades como Londres, París y Frankfurt, así como Segovia, como representante española. “Pero el mismo día que presentamos la red (6 de marzo) ya habíamos recibido la llamada de otras ciudades para unirse. Las siguientes podrían ser Madrid y Barcelona.

F/lavanguardia

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