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¿Qué alcance tiene la ruptura con Maduro? La cautela y la incertidumbre mandan

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¿Qué alcance tiene la ruptura con Maduro? La cautela y la incertidumbre mandan
 

El Gobierno de Pedro Sánchez guarda con celo la hoja de ruta. “Paso a paso“, decía ayer lunes el presidente a los periodistas tras su breve declaración institucional en la Moncloa. Impera la prudencia total, a la espera de la evolución de las próximas horas y de cuál es la respuesta del todavía presidente ‘de facto’ de Venezuela, que ha anunciado una revisión “integral” de las relaciones que mantiene con la veintena de países europeos que se han alineado con Guaidó. España estudia así cuáles son los siguientes gestos que vendrán. Irá dosificando su respuestas. Una actitud de cautela que es lógica para los expertos en Derecho Internacional y Ciencia Política, que entienden que es difícil aventurar qué pasará a partir de ahora, porque la situación interna en Venezuela es muy líquida y convulsa. Todo dependerá, señalan, de la resistencia del régimen de Maduro, si se agolpan las deserciones entre los militares y se ahonda la fractura interna. Como también puede voltear el escenario que el ejército apostado en las fronteras permita la entrada de ayuda humanitaria desde Colombia y Brasil.

José Antonio Perea Unceta, profesor de Derecho Internacional Público de la Universidad Complutense de Madrid, cree que una pista de lo que está por venir se puede hallar en los precedentes históricos, no tanto en la tradición europea —que tiende a reconocer Estados, no gobiernos—, pero sí en la latinoamericana —donde sí es más común respaldar ejecutivos determinados, por el pasado reciente de guerrillas, revoluciones, golpes de Estado o autogolpes—. Un ejemplo obvio, recuerda, le ocurrió a España: durante años, países iberoamericanos dieron la espalda Francisco Franco y reconocieron como presidente de la Segunda República en el exilio a Diego Martínez Barrio porque era presidente del Congreso. México no normalizó sus relaciones con Madrid, de hecho, hasta 1977. España, a su vez, no llegó a reconocer en 1990 al presidente de Panamá impuesto por Estados Unidos, Guillermo Endara, ni el autogolpe de Alberto Fujimori en Perú en 1992.

España nunca había dado en democracia un paso igual. No había reconocido antes como presidente interino de un país a quien no tiene el control de su territorio, quien no tiene los resortes del poder. Pero este 4 de febrero de 2019 dio ese paso inédito y reconoció formalmente a Juan Guaidó como el mandatario encargado de pilotar la transición de Venezuela y conducirla hacia unas elecciones libres, democráticas, transparentes y “sin exclusiones“. España no estuvo sola. Otros 18 socios europeos procedieron a apoyar al dirigente opositor y a dar portazo a Nicolás Maduro.

España podría retirar la credencial diplomática al embajador de Venezuela en Madrid, Mario Isea, y pedirle que se marche del país


“Puede que España, al igual que puede ocurrir en Francia o Reino Unido, no reconozca al embajador de Venezuela en su territorio y le dé un plazo para marcharse”, apunta este profesor. Es decir, que Exteriores podría retirar la credencial diplomática al representante del Gobierno de Maduro en Madrid, Mario Isea. Al perder su inmunidad diplomática, no le quedaría otra que marcharse. La legación diplomática podría en ese momento clausurarse o bien tener al frente a un jefe de negociado, algo “bastante habitual en diplomacia”.

¿De quién son las legaciones?

En este último caso, las relaciones entre los dos países se mantendrían. “Pero Maduro podría responder cerrando la embajada de España en Caracas, y sería mucho más grave”. Perea Unceta subraya que, frente a lo que se tiende a pensar, las embajadas pertenecen al país al que representan, son un territorio “del Estado receptor”.

Unceta cree que algunos embajadores se alinearán con Guaidó. Malamud o Villegas creen que España se andará con tiento para proteger sus intereses

“Los Estados no ceden parte de su territorio para establecer una embajada, lo que hacen es conceder inmunidad a unos edificios, vehículos, cuentas, personas… De esta forma, si Maduro cierra su legación en Madrid, España podría reconocer como embajada de Venezuela en la capital un hotel, por ejemplo, y por tanto permitir que desde allí operase la persona designada por Guaidó”, explica este docente, que advierte de que muchos gobiernos que se presumían fuertes y cohesionados afrontaban la deserción de muchos representantes diplomáticos. Perea Unceta calcula, en ese sentido, que aunque haya algunos embajadores venezolanos que se mantengan “en el búnker por su proximidad a Maduro”, otros se alinearán con Guaidó “por su propia supervivencia”, para no quedarse en terreno de nadie, porque son funcionarios de carrera. “Ya pasó en Yugoslavia o en la Europa del Este”, evoca. Ya ha pasado, de hecho: el agregado de Defensa venezolano en Washington, José Luis Silva, rompió con el chavismo y se puso a las órdenes del presidente encargado.

¿Cuánto aguantará el régimen?

Villegas coincide con la tesis de que cada Estado tiene autonomía para decidir el bloqueo de cuentas, y “España lo puede hacer, pero quizá no sea el momento” aún. Para Malamud, el Gobierno socialista debe calibrar si adopta una posición “aislada, aunque sea muy vanguardista”, o bien otra más concertada con sus socios europeos y más prudente. La posición española, advierte, está “muy expuesta”, como ha demostrado, a su juicio, la reacción desmedida, “visceral y brutal”, de Maduro contra Pedro Sánchez, al que este lunes calificó de “cobarde“, como antes lo llamó “farsante” y “muñequito de torta”. “No ha dirigido los mismos epítetos hacia otros mandatarios europeos, porque sabe que la postura de España tiene un efecto multiplicador”, abunda el investigador del Real Instituto Elcano.

La clave, dicen los expertos, es el impacto político del reconocimiento. Alcántara cree que los actores son EEUU, Colombia, Brasil, el ejército y el pueblo

Perea, Malamud y Villegas, junto a otros dos expertos, Manuel Alcántara —catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca— y Susanne Gratius —profesora contratada doctora de la Autónoma de Madrid y asociada al Cidob—, subrayan no obstante que lo importante es el impacto político del reconocimiento de Guaidó que España y otros 18 países europeos hicieron este lunes.

“Esto debe ser visto en el contexto de un proceso. No es mover una ficha y hay una reacción inmediata. Todo dependerá de la retroalimentación de lo que ocurra fuera de Venezuela y dentro del país, y la acumulación de fuerzas que haga la oposición”, opina Malamud. El 10 de enero, cuando Maduro tomó posesión como presidente para un segundo mandato sin reconocimiento internacional, prácticamente aislado, “comenzó el fin del régimen, pero no sabemos cómo se producirá esa caída ni cuándo, ni si será de manera pacífica o violenta. No sabemos la capacidad de resistencia del régimen“, añade este analista, que pone como ejemplo lo ocurrido en Siria: al contrario de lo que pasó con las primaveras árabes, el presidente Bachar al Asad todavía aguanta.

“Es imposible saber el alcance. Diseñar escenarios es muy complicado, porque los hechos se van sucediendo uno detrás de otro y así se van tomando decisiones, a medida que ocurren las cosas. No olvidemos que el objetivo es provocar la salida de Maduro del poder”, advierte por su parte Carlos Malamud, investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano. Este experto subraya que países como España que tienen que defender importantes intereses económicos y de sus nacionales —hay unos 167.000 emigrantes en Venezuela, según datos del INE de 2018— tienen que andarse con tiento a la hora de adoptar determinadas decisiones, porque si expulsa a Isea, Maduro podría tomar represalias, echar al representante español, Jesús Silva, y decidir cerrar la legación española en Caracas, o echar al personal de la embajada. El dirigente bolivariano ordenó la salida de representantes diplomáticos de EEUU en Caracas y les dio un plazo de 72 horas, que luego amplió. Estados europeos podrían clausurar sus misiones en Venezuela durante un tiempo y hacer recaer los trámites consulares en la representación de uno de ellos que sí se mantuviera abierta. Sucedió en la Panamá de Endara: las oficinas de España y la Nunciatura Apostólica (Vaticano) siguieron funcionando.

Ningún país va a querer pronunciarse de manera inmediata“, señala por su parte José Luis Villegas, profesor de Derecho Constitucional y Administrativo e investigador de la cátedra de América Latina de la Universidad Pontificia Comillas. “Por lo que estamos viendo, la tendencia no es actuar de manera compulsiva, sino de manera tibia. Ahora la pelota está en el tejado de Maduro. No estamos ante una situación en la que todos los pasos sean previsibles”.

España podría bloquear a Isea los bienes y fondos del Estado venezolano, pero podría concertar la respuesta con sus socios comunitarios

Si Guaidó nombrara embajador en España, el Gobierno de Sánchez tendría que reconocerlo, aceptarlo como el representante legítimo de Venezuela y retirar todas las prerrogativas a Mario Isea. Además, tendría que bloquearle los fondos, bienes y depósitos del Estado venezolano en España y ponerlos a disposición de la persona elegida por el presidente interino. “El titular de esos bienes es el Estado —precisa Perea Unceta—, pero quien dispone de ellos es el embajador acreditado, por lo que quien podrá moverlos es el representante de Guaidó”, como ha ocurrido con su designado en Estados Unidos. “Ahora bien”, continúa, “la mayor parte de los fondos de Venezuela en el extranjero están en bancos de Luxemburgo. La cuantía en España y en otros países es menor. Por eso interesa mucho ver qué hace el Gran Ducado”, que por lo pronto se ha alineado con Madrid y ya reconoce a Guaidó.

Para Gratius, las opciones son casi infinitas, por lo que todas las salidas son posibles sobre el papel, incluso un conflicto armado o una intervención militar. “El reconocimiento es inclinar algo más la balanza hacia un lado y urgir a la convocatoria de elecciones presidenciales en poco tiempo. Es un granito de arena más en un escenario de presión”, sentencia Alcántara. Este catedrático aconseja ponderar el peso de los actores en su justo término. Y España no es tan protagonista, pese a que Venezuela opere como un tema de política interior. “Los grandes jugadores ahora son el ejército del país, EEUU, Brasil, Colombia y el propio pueblo venezolano”, redondea.

Malamud o Villegas no ven tan probable que estalle una guerra civil. Sí puede haber picos de violencia, pero quizá no se llegue a un conflicto armado. El profesor de la Pontificia Comillas descarta ‘a priori’ una intervención militar como aquella con la que amenaza Estados Unidos, porque Venezuela es un país de 35 millones de habitantes y un millón de kilómetros cuadrados con muchos ciudadanos armados. Una maniobra militar impuesta desde fuera sería “nefasta”. Otra cosa sería alguna “operación de ingeniería militar, un ataque selectivo a tres o cuatro puntos sensibles”, asegura. “La invasión es una palabra maldita en toda América Latina”, remarca.

Para llevar a Venezuela a unas elecciones libres, hará falta que Maduro ceda las riendas del poder. El grupo de contacto ayudará a forjar el proceso

El reto inminente es la convocatoria de elecciones presidenciales libres y transparentes en Venezuela, como persigue la UE. Pero no será fácil para Guaidó organizarlas, ya que no tiene a su disposición los resortes del poder, el aparato administrativo necesario para llevarlas a cabo. El grupo de contacto internacional promovido por la UE, y del que forman parte ya ocho países europeos (España, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Portugal, Suecia y el Reino Unido) y cuatro latinoamericanos (Uruguay, Bolivia, Costa Rica y Ecuador), se reunirá este jueves en Montevideo para ir acompañando el proceso electoral.

F/elconfidencial

 

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